31 dic. 2009

Anima Poetae...


Me preguntaráis cómo me volví loca. Así sucedió:

Un día, mucho antes de que nacieran los dioses, desperté de un profundo sueño y descubrí que me habían robado todas mis máscaras.
-Sí: las siete máscaras que yo mismo me había confeccionado, y que llevé en siete vidas distintas-;
Corrí sin máscara por las calles atestadas de gente, gritando:
-¡Ladrones!¡Ladrones!¡Malditos ladrones!
Hombres y mujeres se reían de mí, y al verme, varias personas, llenas de espanto, corrieron a refugiarse en sus casas. Y cuando llegué a la plaza del mercado, un joven, de pie en la azotea de su casa, señalándome gritó:
¡Miren! ¡Es una loca!
Alcé la cabeza para ver quién gritaba, y por vez primera el sol besó mi desnudo rostro, y mi alma se inflamó de amor al sol, y ya no quise tener máscaras. Y como si fuera presa de un trance, grité:
-¡Benditos! ¡Benditos sean los ladrones que me robaron mis máscaras!
Así fue que me convertí en una loca. Y en mi locura he hallado libertad y seguridad; la libertad de la sociedad y la seguridad de no ser comprendido, pues quiénes nos comprenden esclavizan una parte de nuestro ser. Pero no dejéis que me enorgullezca demasiado de mi seguridad; ni siquiera el ladrón encarcelado está a salvo de otro ladrón.

Gibrán Jalil Gibrán ("El Loco")

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